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Ejercicio de Memoria Nº1. Juan Carlos Aguilera.

( Fragmento )

Me reuní con Juan Carlos Aguilera, ex trabajador de la azucarera durante más de 20 años, en una primera reunión informal, en la cafetería del Musac con la intención de que me contara algo sobre su vida como trabajador y residente en las casas de la Azucarera.

Lo que en un principio iba a ser una pequeña toma de contacto se convirtió en un relato de casi dos horas, del cual he seleccionado los tres primeros minutos.

El resto será material con el que trabajaré en privado y crearé el planning y estructura para realizar las siguientes entrevistas que acabarán dando forma al documental, dentro de un año.

Es tan apasionante la manera en la que Juan Carlos cuenta la historia y va recordando datos y hechos puntuales, que da gusto escucharle. Aquí tenéis el audio documento del primer ejercicio de memoria del proyecto.

Primeras colaboraciones

La fábrica de azúcar “Santa Elvira” fue instalada en León por iniciativa de la Sociedad Industrial Castellana, S.A., en un momento de expansión del sector.

La construcción data de 1933 y su puesta en marcha acontece dos años más tarde, en enero de 1935, incorporando maquinaria procedente de la Azucarera de La Rasa (Soria).

Durante el año 1945 en los terrenos de la Azucarera se instaló una destilería de alcohol, también con maquinaria procedente de otra fábrica, que será productiva hasta 1980.

La Azucarera, como era propio en las instalaciones fabriles de la época, contaba con construcciones auxiliares: viviendas de los obreros y cuatro chalet para los ingenieros, el chalé del director, dispensario médico, almacén, economato, etc.

En época de campaña se veían en filas los carros que tirados de bueyes o reatas de mulas llegaban cargados de remolacha. Luego empezaron a llegar tractores y camiones.

El humo de su chimenea anunciaba el inicio y el fin de las campañas en el campo leonés y aliviaba la entonces dura economía local porque Santa Elvia enriquecía las comarcas, creaba mucho empleo y contaba con servicios como economato o farmacia.

En 1967 paso a ser Ebro Agrícolas, S.A.

En 1968 se monta la descarga mecánica, el laboratorio de pago por riqueza, un nuevo lavadero y molinos cortarraíces. Se modifica la depuración y se amplía la evaporación y el cuarto de azúcar. Abren un nuevo horno de cal, con 220 metros cúbicos y preparación de lechada, prensas de pulpa horizontales y fuelización de calderas.


En los años 70 contaba con armarios automáticos de tachas, regulación de calderas y se culminó la instalación de un ordenador para controlar la recepción de remolacha y apoyo administrativo. Se dio un salto de la fabricación casi manual a la automatizada sobre todo en el proceso de filtración del jugo, que permitía que «cuando las campañas venían malas aquí se podía seguir trabajando gracias al sistema implantado».

Parte del sueldo de los empleados dependía de las primas de productividad.

Durante las campañas, el número de trabajadores llegó a rozar el medio millar y 160 fijos durante todo el año. Por aquellos tiempos «los almacenes estaban llenos de azúcar y de pulpa».

Hubo una época en que el gobierno franquista cambió a Fidel Castro azúcar de Cuba por camiones usados. Venía sin refinar y en sacos de 100 kilos y se refino en esta azucarera.

Era una fábrica bonita, pero estaba forrada de amianto. Luego se puso acero inoxidable, y murió algún trabajador de asbestosis.

Las naves, oficinas, almacenes y viviendas de la Azucarera dan testimonio de una actividad, de un estilo de vida y de trabajo y de una etapa del desarrollo de la ciudad que ya forman parte de la historia y la identidad de los leoneses.

La entrada en la Unión Europea marcó el futuro de la fábrica. «Se impusieron cuotas y sobraban centros de producción y en León los terrenos jugaron una baza importante, “Santa Elvira” apenas sobrevivió cinco años al Mercado Común.

La recalificación urbanística de los terrenos, casi 200.000 metros cuadrados, auguraba la construcción de 1.000 viviendas y unos beneficios de más de 3.000 millones de pesetas (18 millones de euros).

Después de los tiras y aflojas, y de que corrieran ríos de tinta sobre el cierre de la fábrica, el comité de empresa consiguió un acuerdo para dar salida a los 96 trabajadores fijos y los 213 fijos discontinuos.

EL CIERRE

El 13 de abril de 1992 se cerró y sus tejados fueron reventados para trasladar la moderna maquinaria a otras industrias, principalmente a la de Miranda de Ebro.

Los obreros tuvieron que marcharse después de tantos años viviendo allí, 36 viviendas bien equipadas con calefacción, cocheras. El comité hizo un dudoso intento para negociar la compra, sin éxito.

Con el cierre se peleó por la declaración de BIC (Bien de Interés Cultural) del conjunto fabril.

Dos décadas y media después, el sector de la azucarera es una de las asignaturas pendientes del desarrollo urbanístico de la ciudad. El entorno de la vieja fábrica es un vacío residencial. Y el barrio de La Sal ha experimentado más cambios humanos y culturales que de paisaje. La Sal y La Vega de Armunia recibieron una notoria afluencia de población inmigrante, como todo el barrio del Crucero.

En junio de 2002 se solicito un informe al Departamento de Geografía de la Universidad de León sobre el valor patrimonial la Azucarera “Santa Elvira” de León debía ser protegida y puesta en valor para beneficio de la ciudad, por respeto a la memoria de su pasado industrial y por un sentido elemental de conservación y aprovechamiento de un conjunto edificado singular y con fuerte impronta en el paisaje urbano.

El Plan regional de ámbito territorial solo protege el actual Palacín (calderería, taller y almacén) y la fachada de la Azucarera.

La Consejería de Fomento incluyó este área en el barrio de la Estación dentro de la Estrategia de Renovación Urbana de Castilla y León.

Sin embargo, en el año 2004 un cambio de signo político en el Gobierno de la ciudad y el compromiso añadido de los poderes regionales de apoyar la conservación del patrimonio industrial, expresado en el Plan PAHIS 2004-2012, hicieron posible un acuerdo fundamental entre los agentes implicados en el destino de la vieja azucarera: el Ayuntamiento de León se hizo con la propiedad de los principales edificios de la fábrica y firmó un convenio con los propietarios de los terrenos -la sociedad Agelco y las inmobiliarias Vallehermoso y Río Vena- según el cual el desarrollo urbanístico del área se llevaría a efecto respetando la fábrica de azúcar, a la que se le asigna un nuevo uso: servir como Palacio de Congresos y Recinto Ferial. En los terrenos libres de edificios el citado convenio contempla la construcción de 600 viviendas y  añade un tercer proyecto, la integración del ferrocarril.

EL DERRIBO DE LAS VIVIENDAS

“La azucarera pierde su historia”

Los pabellones quedaron desiertos con el cese de la actividad. Posteriormente fueron adquiridos por empresas de la construcción pensando en un desarrollo urbanístico que nunca llegó.

El 27 de enero 2014 comienza el derribo de los pabellones abandonados de la azucarera de Santa Elvira de León, las mismas que llenaron de vida el barrio de La Vega durante décadas. Últimamente husadas por transeúntes que generaban altercados.
Poco después se derriba el chalé del director y el botiquín.

El paisaje de las inmediaciones del Palacio de Congresos se vuelve cada vez más irreconocible al desaparecer los edificios que diseñaban el paisaje de Santa Elvira hasta hace dos días. Los tres bloques y los cuatro chalet se convirtieron en un triste montón de escombros.

El chalé limpieza del último solar de la vieja azucarera saca a la luz “el chalé del director”.

El edificio, de los años 30, está compuesto por dos plantas, sótano y un bonito mirador. Evoca los gustos de la burguesía de la época en la que florecían estas viviendas unifamiliares en el Ensanche de León. Abandonado hace más de 20 años, permaneció oculto durante años tras la maleza, privando a los leoneses del disfrute de su bella arquitectura.

Tres directores y sus familias habitaron el viejo chalé de la Azucarera Santa Elvira. Y a causa del abandono en su interior creció un árbol cuyas ramas asomaban por donde podía. Un edificio con historia propia que ha comenzado a derribarse dejando entrever todavía algunos detalles de vida en su interior.


Unos trabajos que finalmente se han prolongado más de lo estimado, debido a la solidez de su estructura que sin embargo ha ido cediendo ante el avance de una imponente máquina retroexcavadora hasta convertirse en simples escombros.

Los trabajos de limpieza del solar tras el derribo que ha sido seguido por unos cuantos espectadores, muchos de ellos atónitos ante la desaparición de un edificio emblemático de León en cuestión de minutos.

Ha pasado a formar parte de la historia de la ciudad, junto con los dos edificios anexos que compartían el mismo solar. Además del chalé estaba el que fue dispensario médico para obreros y sus familias, un pequeño almacén que antiguamente fue departamento de cultivos, donde se guardaban las semillas de la remolacha y parte de lo que fueron cocheras de administración.

Por su parte la Asociación de Amigos del Patrimonio Cultural de León ha denunciado el derribo de un nuevo edificio significativo para la ciudad como ya ocurrió con la antigua fábrica de harinas Alfageme o el antiguo instituto Padre Isla, “sin que nadie haga nada por evitarlo”.

El chalé quedó fuera de la ordenación del Palacio de Congresos y no fue catalogado ni protegido.

El departamento de Geografía de la Universidad de León realizó en el curso 2000-2001 un trabajo sobre los diferentes edificios que componían la azucarera, algunos derribados como el economato y oficinas para abrir el vial de la prolongación de Ordoño II.

Un edificio burgués que el municipio y Perrault ‘olvidaron’ proteger. Por lo que su derribo dependía sólo de la voluntad de sus propietarios y el solar será previsiblemente un espacio con edificaciones acordes al desarrollo urbanístico del entorno.

La azucarera es patrimonio de todos los leoneses, un bien de interés social y cultural que debería estar protegido. Pero la de León nunca llegó a ser incluida en el catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Junta, pese a ser un elemento representativo de la arquitectura industrial y seña de identidad de la zona oeste de León.

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Perrault, el arquitecto francés autor del proyecto del Palacio de Congresos y Exposiciones, no incluyó el chalé, ni ningún edificio al otro lado del vial, en el catálogo de edificios a proteger.

Las naves del edificio principal se consolidaron en 2009 con un armazón metálico. En 2011 se inician las obras del Palacín.

El Palacio de Exposiciones ya está terminado. Se han invertido muchos millones de euros, sin contar las indemnizaciones por las reclamaciones de la empresa. Queda pendiente la parte del palacio de congresos en lo que fue la fábrica de azúcar.

Los restos que quedan de la Azucarera Santa Elvira parecen colgar del cielo en espera de que la ciudad haga justicia con su pasado y los transforme en futuro.

Texto e imágenes cedidas por Cony Salomón.